Primer día, 8000 días y 30000 días

El domingo estuve cenando con Lay, acababa de aterrizar y eran las primeras horas de su vida en Japón. Lo miraba todo con ojos de niño que está descubriendo como funciona el mundo. Al lado de Lay se sentó Yoshiaki, quien nació en el año 1944 en Okinawa esquivando de milagro las bombas americanas, y lleva ya 30000 días andando por Japón. Yoshiaki miró la comida con desgana y en enseguida se empezó a quejar del sabor de la sopa de miso.

¿Cómo sintió la cena Lay comparado con Yoshiaki?

Yo observaba con envidia a Lay, y con recelo a Yoshiaki. Quiero ser más como Lay, y menos como Yoshiaki.

Recuerdo mi primer día en Tokio, lo veía todo con ojos frescos y cada detalle me fascinaba. Pero mi día numero 8000 en Japón… ni si quiera puedo recordar lo que hice, seguramente sería un día más.

¿Cómo combatimos la tendencia que tenemos los seres humanos a acostumbrarnos y a dar las cosas por sentado?

En japonés tiene la palabra shoshin 初心, donde 初 (sho): principiante, inicial, comienzo; y 心 (shin): mente, corazón o espíritu. A nivel filosófico la idea fundamental es que en la mente del principiante hay muchas posibilidades mientras que en la del “experto” hay muy pocas. El ideal a atener en la vida es el de conseguir experiencia pero sin olvidarse nunca de mantener el shoshin (corazón de principante).

El shoshin es tu tema que explico en profundidad en mi libro La Magia de Japón pero que cada vez que pienso en ello me doy cuenta de lo sutil y poderosa que es la idea, y lo fácil que es olvidarse de ella y dar las cosas por sentado (es nuestra tendencia humana).

¿Qué estrategias e ideas usáis para mantener el shoshin en vuestras vidas?

El tifón Bavi

Según la wikipedia, la palabra tifón parece tener sus orígenes en la palabra china 風癡 que significa «vientos que duran mucho». En japonés terminó siendo 台風 que se lee taifū. En inglés es typhoon y curiosamente se pronuncia bastante parecido al japonés.

Después de haber vivido centenares de tifones (cada año pasan decenas por Japón), he aprendido que lo más importante al mirar la predicción es fijarse el lugar exacto por donde va a pasar (Aparte de la intensidad etc). Esta vez el centro pasó muy cerca de donde estaba y vi ramas de árboles volando y árboles caer. Afortunadamente en el sur de Japón no hubo ningún accidente pero en Taiwan si que hubo heridos.

Cuatro detalles del día

Os cuento hoy cuatro detalles, tal y como los he visto, que rompen con algunos tópicos japoneses.

Estoy en Okinawa hasta la semana que viene. En Tokio casi todo el mundo se mueve en tren pero aquí el transporte principal son los coches y autobuses, solo hay una línea de monorail en el centro de Naha.

Como viandante cada vez me preocupa más que los conductores vayan mirando la pantalla del smartphone. La ley en Japón es parecida a la Española excepto en que aquí si el coche está totalmente parado, por ejemplo, en un semáforo en rojo, puedes mirar la pantalla del móvil y usarlo todo lo que quieras sin ninguna consecuencia.

El problema es que muchos conductores se ponen a hacer scroll en redes sociales con una mano en el volante y la otra sosteniendo el smartphone esperando a que el semáforo se ponga verde y al final terminan despistados arrancando a destiempo (Sin darse cuenta de que hay peatones, muchas veces siguen con la mirada en la pantalla etc).

Veo gente a diario que conduce y mira pantallas (no parece que multen mucho), pero hoy vi algo nuevo. Una chica conducía con el pie izquierdo encima del asiento y la barbilla apoyada en la rodilla mientras veía una película en la pantalla de una tablet, parecía que estuviera sentada en el sofá de su casa. Sostenía el volante con una mano y solo usaba el pie derecho para acelerar y frenar…

Japón es una sociedad con muchas reglas, pero hay ciertas normas que por alguna razón misteriosa mucha gente se las pasa por el forro.

Luego fui a la oficina de correos y enseguida noté que la persona que me atendía estaba de mal humor. Cuando acabas de llegar a Japón tienes la sensación de que todo el mundo es amabilísimo, pero cuando aprendes los matices del idioma y su comunicación no verbal, te das cuenta de que es un lugar como cualquier otro: hay gente amable, gente mal educada, gente que está teniendo un mal día, felices e infelices etc… La señora Nakamura en la oficina de correos me recibió mandándome literalmente a casa: «tienes que rellenar estos formularios en una web en casa aquí no te podemos ayudar». Al ver que yo no cedía a sus órdenes otra empleada ha venido y me ha dicho que lo podía hacer todo en la misma oficina de correos y que ella me ayudaba con el proceso. Conseguí enviar mi paquete, pero al final la señora Nakamura se equivocó y me cobró el doble y no me dio el ticket… Otra vez, vino la otra chica (la amable) y me ayudó con todo el proceso para devolverme el dinero que había pagado de más.

Mientras estaba en la oficina de correos rellenando formularios sonó la alarma del edificio. También comenzaron a pitar las alarmas todos los smartphones que llevábamos los clientes y los empleados. Si acabara de llegar a Japón me asustaría con tantas alarmas sonando a la vez como si fuera una orquesta de borrachos, pero ahora reacciono como todos los demás: nadie se inmuta (Simplemente leemos el texto de la alerta en el móvil hasta que deja de sonar el pitido estridente). Estas alarmas suelen ser por tsunamis, terremotos, tifones, inundaciones etc… La de esta mañana es por un tifón que pasa entre Okinawa y Taiwan.

Japón está muy preparado para temas de desastres naturales y sistemas de alarmas, pero ¿qué pasa si hay tantas alarmas que la gente termina ignorándolas?

Finalmente, de camino a casa, las primeras ráfagas de viento atifonado azotaron mi paraguas hasta romperlo. Un chaval que vio cómo mi paraguas se partía en trozos se comenzó a reír y me contagió la risa. Terminamos los dos riéndonos juntos, compartiendo una pequeña conversación y viendo como las varillas y el plástico del paraguas salía volando.

El tópico es que los japoneses no suelen interactuar con desconocidos, pero con este chaval fue todo lo contrario. Otro tópico es que todos son cordiales, pero con la señora Nakamura en la oficina de correos tuve que lidiar con incompetencia y mal humor. Y finalmente me encontré con la conductora temeraria que no respeta ninguna norma conduciendo como si estuviera en el salón de su casa, son muchos los que no respetan las normas.

En todas partes se cuecen habas.

Filosofía en inglés en camisetas

Una de las consecuencias de la llegada de los últimos modelos de IA es que la traducción automática de japonés a inglés es mucho mejor. Esto ha hecho que cada vez se vea menos japanglish (inglés japonesizado).

Los últimos días me he fijado en la gente con la que me he cruzado y he memorizado estos «mensajes» que llevaban en las camisetas:

«Whatever you think is best»
«Good feelings days»
«Good smile, happy life»
«Enjoy life, be happy»
«I learn from yesterday»

Al menos las frases comienzan a tener sentido y algunas incluso molan.

Cuando un extranjero se pone una camiseta con un mensaje en chino o japonés suele caer en trampas similares. Aunque el japonés de la camiseta sea perfecto y te parezca que tiene sentido, para un japonés el mensaje seguramente será «dasai» (hortera).

Pero nada supera las camisetas con mensajes en inglés de los «viejos» tiempos:

Monte Omuro

Hace unos años subí al Monte Omuro en Shizuoka. Fue un viaje con amigos de esos que te unes sin saber muy bien a dónde vas, por eso fue una gran sorpresa estar de repente en la cima de este volcán con un cráter tan «perfecto». Además, al estar todo cubierto con hierba verde parece de mentira, es como si un diseñador de un videojuego le hubiera puesto una textura verde.

Además disfrutar del paisaje, bajamos al interior del cráter y estuvimos practicando tiro con arco. Hay dianas instaladas en el fondo del cráter donde puedes alquilar arcos y flechas por horas.


Web del «lift» oficial para subir

Dersu Uzala

Rashōmon fue durante mucho tiempo mi película favorita de Kurosawa. La forma en que la verdad se fragmenta en múltiples versiones me parecía fascinante. Pero todo cambió el día que vi Dersu Uzala, cuando descubrí un Kurosawa menos preocupado por el artificio narrativo y más por contar una historia de aventuras.

De Dersu Uzala me maravilló su humanidad. “Más humano que un humano”, pensé, recordando Blade Runner. El protagonista de la historia, que da título a la película, era un tipo de hombre que ya no existe en nuestro mundo. Dersu vivía en una conexión íntima con la naturaleza: hablaba con los árboles, las montañas, los ríos, los osos y las ardillas, llamándolos “gente”, tratándolos como semejantes. No había para él división entre lo humano y lo no humano; todo estaba unido en un mismo tejido.

Mi sorpresa fue mayúscula al descubrir que Dersu no era una creación de Kurosawa, sino una persona real. El explorador ruso Vladimir Arseniev lo conoció a comienzos del siglo XX en la taiga siberiana y escribió un libro sobre las aventuras que tuvieron juntos. Akira Kurosawa leyó la primera traducción al japonés del libro de Vladimir Arseniev en los años cuarenta y siempre tuvo en mente hacer una película sobre Dersu.

Leí el libro de Dersu Uzala hace poco, casi del tirón, pero al final no quería que terminara, anhelaba seguir caminando con Arseniev y Dersu por las montañas y bosques, aprendiendo a entender las señales del viento y las huellas en la nieve.

Más que un libro de aventuras es una historia de amistad y de cómo la modernidad crea barreras que nos separan cada vez más de la naturaleza. Quizás los peligros de la naturaleza no sean nuestros enemigos, sino maestros de los que aprender.

Hoy, cerca de Vladivostok, hay una monumento dedicado a Dersu Uzala y a Arseniev. Una prueba de que la amistad entre ambos trascendió el tiempo.

Al terminar el libro de Arseniev y volver a ver la película, comprendí que Dersu no pertenece solo a Rusia ni a Japón. Dersu es universal, porque representa una forma de ser que hemos olvidado, pero que tal vez todavía podamos recuperar.

«Kurosawa-san mostró que la naturaleza no es un enemigo, sino un maestro. Dersu es el abuelo que todos los personajes de mis películas desearían tener.» (Hayao Miyazaki).