Cuando viajo a un lugar en el que no he estado me gusta ir sabiendo lo mínimo. Si vas a una ciudad nueva y ya lo sabes todo sobre ella, tiene menos gracia. Es como ver una película habiendo leído antes decenas de reseñas con spoilers y habiendo visto varios tráileres.
Sin embargo, durante y después del viaje suelo interesarme por lo que he visto.
Hace dos semanas estuve con Rodrigo en un hotel con vistas al cabo Manzamo. Lo único que sabíamos el primer día era que la playa de nuestro hotel se llamaba «Manza», pero observando las señales que había en los senderos que bordean los acantilados descubrí que el cabo al final de la bahía se llamaba «Manzamo». Lo leí rápido y lo memoricé como «Manzano», asociándolo en mi cabeza con el árbol para no olvidarlo.
Hoy he leído la historia de este cabo. Resulta que Shō Kei (尚敬王), monarca del Reino de Ryukyu, visitó este promontorio en 1726 . En aquella época, Okinawa era un reino que pagaba tributo a la dinastía Qing y también al clan Satsuma. Al contemplar la zona verde detrás del acantilado, el rey alabó el lugar y dijo que era «un campo tan grande que en él podrían sentarse diez mil personas». Estas palabras del rey se condensaron en tres sílabas:
- man (万): diez mil.
- za (座): asiento o lugar para sentarse.
- mō (毛): campo de hierba o pradera en el idioma tradicional de Okinawa (uchinaaguchi).
Y desde entonces el cabo se llama Manzamo (万座毛).
Desde nuestro hotel pudimos disfrutar de unos atardeceres magníficos con vistas al promontorio que fue bautizado por el rey de Ryuku hace 300 años.
Un día alquilamos unas bicicletas y fuimos hasta el cabo Maeda. Ya había visitado este cabo años atrás, es uno de los puntos más turísticos de Okinawa, pero en las segundas visitas siempre se descubren cosas nuevas. Resulta que debajo del cabo hay una cueva (La Cueva Azul) que solo se puede visitar nadando si hace buen tiempo.
Aparcamos las bicicletas en el punto más alto del cabo y nos acercamos hasta las escaleras que bajan hacia la cueva. Pero el camino estaba cerrado por mal tiempo, unos días antes pasó un tifón por la isla y todavía había demasiado oleaje. Había un cartel que nos prohibía el paso, y al lado había también uno que advertía del peligro por la presencia de serpientes venenosas habu.
Resignados volvimos a las bicicletas y avanzamos otros diez kilómetros hacia el sur hasta llegar al cabo Zanpa. Otro con un nombre fácil de memorizar si sabes español. Y desde lo alto del Zanpa avanzamos unos cuantos kilómetros más hasta encontrar una playa bonita para bañarse, pasear y descansar, antes de volver a nuestro hotel frente al ¿Manzano? 😉
Vídeo de dos minutos del paseo en bicicleta.
Y en este otro vídeo de una hora Rodrigo y yo hablamos en Tgntf de nuestro viaje por Okinawa y otras cosas.
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