Mochurin もっちゅりん

Hoy por fin comí un mochurin もっちゅりん. Son una edición especial de donuts de tres sabores que vende Mister Donuts desde el año pasado. Solo están disponibles en ciertas épocas del año, y cada cliente puede comprar un máximo de un mochurin (por sabor).

Cuando estoy en Okinawa, a veces voy a Mister Donuts. Simplemente pido un café y me siento a escribir. El café es barato y te rellenan la taza gratis ¡todas las veces que quieras!

El año pasado, de repente, llegué un día a las nueve de la mañana, y me encontré con una cola tremenda. Di media vuelta y me fui a otra cafetería a la que suelo ir donde va mucha gente a trabajar.

Al día siguiente volví a ir, y me topé otra vez con ¡una cola aún más larga! Esta vez, intrigado, me fijé en un póster enorme anunciando “MOCHURIN” de tres sabores: kinako, mitarashi e ichigo. A veces también tienen de warabi-mochi. También indicaban que solo horneaban 200 por día, que solo puedes comprar uno de cada sabor por persona y que los vendían por orden según hacías cola. Es decir, si no llegas a tiempo, te quedas sin “mochurin”.

Hasta que terminó la campaña del mochurin me fue imposible tomarme un café a primera hora de la mañana en el Mister Donuts.

Este año pude ir al Mister Donuts sin problemas hasta que un día vi una cola larguísima que daba media vuelta a la manzana. Enseguida supe que habían vuelto los mochurin.

Esa noche, mi mujer me dijo: ”los mochurin del Mister Donuts han salido hoy en portada de Yahoo News, parece que son muy populares”. “Me lo dices o me lo cuentas” pensé en español, y respondí en japonés “知ってるよ!”.

Durante las semanas siguientes se formó aún más cola en el Mister Donuts. Hay tres grandes técnicas de publicidad japonesas que siempre funcionan: hacer una edición limitada (Forzando a que se creen colas de espera y sistemas de reservas), salir en la portada de Yahoo News y aparecer en televisión.

De repente, todo el mundo a mi alrededor empezó a hablar de los mochurin… y claro mi mujer comenzó a decir “食べてみたいね” (Quiero probarlos…).

Ayer, mi amigo Kamiya-san, me mandó un mensaje a las ocho de la mañana “Estoy haciendo cola en el Mister Donuts, soy de los primeros y he dicho que va a venir un amigo también a hacer cola conmigo, ¡ven en cuanto puedas así podemos comprar seis en total!”.

Al cabo de un rato allí estaba yo, con Kamiya-san, haciendo cola para comprar los famosos mochurin.

A mí me tocó el de kinako, a mi mujer el de mitarashi.

Estaba bueno, pero no creo que vuelva a hacer cola para comerlos… a no ser que hagan una versión sabor chocolate 🙂

Foto con una de las primeras versiones de este blog en el 2003

Escarbando por el disco duro me encuentro con esta foto que no recordaba que existiera. Está sacada en marzo del 2003, y en la pantalla se ve este blog conforme era en aquellos tiempos (hace ahora 23 años).

¿Os pasa que os olvidáis de la existencia de fotos que hace mucho tiempo que no veis?

Soy un gato

Soy un gato de Natsume Sōseki, es una de esas novelas que aquí casi todo el mundo, aunque no la hayan leído, al menos la saben reconocer. Es algo así como el Lazarillo de Tormes para nosotros. El autor, Natsume Sōseki, hasta hace poco aparecía en todos los billetes de 1.000 yenes.

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Leer este libro es como mudarse temporalmente a una casa modesta de Tokio en plena era Meiji, hace unos 120 años, y observarlo todo a través de la perspectiva de un gato sin nombre que es el narrador.

El dueño del gato es Kushami, un profesor de literatura que recuerda sospechosamente al propio Natsume Sōseki (Que también fue profesor y estudió inglés), es un personaje entrañable y ridículo a partes iguales. En la novela es un profesor obstinado, algo torpe y perdido en libros que no lee, seguramente un retrato cómico y tierno de sí mismo, teñido de humor autocrítico. El gato lo observa con una mezcla de asombro y resignación:

“Tiene la costumbre de llevarse a la cama un libro en inglés. Pero apenas lee nunca más de dos páginas. No comprendo qué interés hay en irse a la cama con un libro que no vas a leer. Pero así es el estilo de mi dueño, con eso está todo dicho sobre él. Su mujer podrá burlase de él o decirle que se deje esa adicción, pero él no hará caso y seguirá llevándose a la cama un libro para leerlo”.

Con estas frases, el gato ya nos ha resumido a la perfección a su amo terco, encerrado en su rutina y conforme con una vida sencilla; en contraste con sus amigos o vecinos más ricos y ambiciosos. Pero no por eso se considera menos digno.

Uno de los mayores encantos del libro es la mirada felina, lúcida y burlona, que encuentra en la conducta humana algo profundamente absurdo:

“Por naturaleza, los humanos son unos engreídos que se vanaglorian de su fuerza bruta. A no ser que aparezcan unos seres más fuertes que los maltraten como ellos hacen, no sé hasta dónde llegará su presuntuosidad.”

La novela también satiriza los cotilleos de los barrios de Tokio (Alrededor de Ueno), los falsos intelectuales, y la vanidad de quienes aspiran a parecer importantes. Pero lo hace con humor y delicadeza, sin malicia, como quien observa lo que hay y sonríe con ironía.

En uno de los episodios más memorables de la novela, ocurre un pequeño robo (Roban boniatos y ropa) y la familia del gato tiene que tratar con la policía. Lo que más me sorprendió al leer ese capítulo no fue la escena en sí, sino lo reconocible que resulta aún hoy. La forma en que los personajes se expresan, lo absurda que es la conversación con la policía y los rodeos para llegar a explicar que ha habido un robo. Todo eso sigue presente en la vida cotidiana japonesa. Si quitamos los smartphones y las pantallas, vivir en una casa tradicional en Tokio, Kioto o cualquier ciudad japonesa actual no es tan distinto a hace 120 años. La naturaleza humana y las pequeñas peculiaridades de la cultura japonesa han cambiado sorprendentemente poco en los últimos 120 años.

Y los gatos quizás sigan pensando lo mismo de nosotros.

Natsume Soseki vivió en el Reino Unido desde el año 1900 hasta el 1902, quizás durante esa época se encontró con Cervantes, y leyó El Coloquio de los Perros… y de ahí surgió la idea para Soy un Gato.

Akira Toriyama y Jackie Chan

Akira Toriyama conoció a Jackie Chan en 1986. Se admiraban mutuamente. Jackie Chan se inspiraba en Dr. Slump y Dragon Ball para sus películas, y Toriyama era tan fan de las pelis de Jackie que en el cuarto tomo de Dragon Ball introdujo al misterioso personaje “Jackie Chun” (Mutenroshi disfrazado).

El encuentro de ambas leyendas se publicó en Japón. El artículo está escrito en primera persona por Toriyama contando cómo fue el encuentro. Traduzco algunos trozos interesantes:

En las películas siempre está haciendo tonterías y cosas graciosas, pero en persona no bromea mucho, o casi nada. Es alguien más bien serio. A pesar de ser una superestrella de talla mundial, no resulta en absoluto pretencioso. Su trato es cercano, y me pareció una persona realmente agradable.

Respondió a mis preguntas de fan acérrimo con sinceridad y paciencia, fue conmovedor. Además, es muy exigente con sus propias obras. Nos contó que no estaba muy contento con el resultado de su última película.

Jackie es una persona con un verdadero espíritu artesanal, ¡lo hace todo él, desde la dirección hasta la música! Me quedé muy impresionado. Cuando mi esposa y yo mencionamos la película «Proyecto A» y «Police Story» nos dijo: «A mí también me gustan justo esas dos”. También le pregunté cómo suele crear sus obras. ¡Y su respuesta fue exactamente igual a mi manera de hacer manga! Dijo: «Crear sin pensarlo demasiado.» Me sorprendió que su proceso creativo sea parecido al mío.
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Toriyama: he visto casi todas las películas de Jackie Chan.

Toriyama: me inspiro en la forma de actuar de Jackie Chan en sus películas para crear Dragon Ball.

Jackie Chan: soy un gran fan de Arale. Me he inspirado mucho en Dr. Slump para hacer mis películas.

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Detalles de las fotos:

En una de las fotos de la revista Jackie Chan sostiene un tomo de Dragon Ball y habla sobre técnicas de kung-fu con pasión.

En otra de las fotos Jackie Chan sale firmando un autógrafo.

En otra foto Jackie Chan imita a Arale y en otra Akira Toriyama le regala varios tomos de Dragon Ball.

Hoy subí a la tercera montaña más alta de Okinawa

Hoy subí a la tercera montaña más alta de Okinawa —que es diminuta, solo tiene 452 metros de altura— con Morimoto-san que acaba de cumplir 80 años y Furudate-san (58). Nos guió Morimoto-san, que utiliza esta montaña como lugar de entrenamiento. Él vive aquí en Okinawa pero viaja mucho en avión a otros lugares de Japón con el objetivo de completar las cumbres de las cien montañas más famosas de Japón. (日本百名山, nihon hyaku meizan).

Hoy, desde la cima de Katsuudake, pude divisar Ogimi en el horizonte, el pueblo de los centenarios que nos inspiró para escribir Ikigai: Los secretos de Japón para una vida larga y feliz. Me di cuenta de que ya han pasado más de 10 años desde que estuvimos allí escribiendo el primer borrador del libro. Desde entonces hemos vuelto varias veces, para saludar a los que nos conocen, sobre todo en la oficina de turismo de Ogimi, y para grabar un documental con National Geographic.

Sentí algo de tristeza al pensar que seguramente la mayoría de los ancianos a los que entrevistamos hace más de una década, quizás ya no estén aquí con nosotros. Desde la cima también pude contemplar la isla de Iheya, allí nació mi suegra y sus siete hermanos/as, que todavía viven, están sanos y parecen llevar los genes de la longevidad de este archipiélago con mucha jungla (yanbaru), mar, y montañas pequeñas.

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