Bolígrafos Pilot

Mis bolígrafos favoritos cuando iba al instituto y a la universidad eran los Pilot. Sin embargo, no tenía ni idea de que era una empresa japonesa hasta que me mudé aquí.

La empresa fue fundada en 1918 por Ryosuke Namiki. Fue la primera empresa japonesa en fabricar plumas estilográficas, hasta entonces Japón dependía 100% de la importación de plumas para escribir. Al principio la empresa se llamaba Namiki, en honor a su fundador, pero luego la cambiaron a Pilot, como referencia a un barco que «pilota» una flota. Resulta que Ryosuke Namiki, el fundador, fue profesor en la Escuela de Marina Mercante de Tokio.

La compañía fue fundada en 1918 por Ryosuke Namiki y fue la primera en fabricar plumas estilográficas en Japón, un país que hasta entonces dependía al 100 % de las importaciones. En sus inicios se llamaba Namiki Manufacturing Co. en honor a su fundador, pero más adelante adoptaron el nombre de Pilot, en referencia al barco insignia que guía a una flota. No es una metáfora casual: Ryosuke Namiki había sido profesor en la Escuela de Marina Mercante de Tokio.

Pilot es una de esas empresas japonesas que supo internacionalizarse muy bien, el 78% de las ventas de Pilot proviene del mercado exterior (fuera de Japón). Además es el líder mundial en bolígrafos de gel y «borrables» (gracias a la tinta termosensible de su famosa gama FriXion), superando en este segmento a BIC.

A mí los FriXion no me terminan de gustar por cómo se deslizan sobre el papel, pero sigo siendo fiel a los Pilot V Corn (así es como se llaman en Japón los de punta fina) y recientemente también me he comprado un par de estilográficas de la marca que son maravillosas para escribir.


Entrada a una de las fábricas de Pilot en Japón

Me piden permiso para ponerse las gafas de sol

Japón es un lugar que alimenta mi curiosidad. Ya llevo más de 22 años aquí, pero sigo sorprendiéndome y aprendiendo cada día.

Hoy un taxista me pidió permiso para ponerse gafas de sol. Esto es lo que me dijo exactamente: “Mis disculpas, pero el sol me está cegando, y creo que es mejor si me pongo gafas de sol. ¿Te parece bien si me pongo las gafas de sol aunque ya haya puesto en marcha el coche y estemos a medio camino hacia tu destino?”. Sorprendido ante la pregunta, yo le dije que se podía poner las gafas de sol y para mis adentros me dije «¡No hace falta que me pidas permiso!».

Observé cómo condujo pacientemente hasta llegar a un semáforo donde sacó las gafas de la guantera y se las puso. ¿Me pidió permiso porque consideraba peligroso quitar una mano del volante para alcanzar las gafas? ¿O quizás le resultó descortés ocultar sus ojos?

Aunque esto de las gafas es la primera vez que me ocurre, sí que son muchos los taxistas que te preguntan si deseas cambiar la temperatura del aire acondicionado o la música en el interior del coche. Es parte de la cultura del omotenashi (hacer todo lo posible para que el cliente esté a gusto).

¿Por qué creéis que me pidió permiso para ponerse las gafas e sol?

Taxis y ganchillo

En mi novela La Era de la Eternidad, publicada en inglés como Kyoto Eternity, cuando el protagonista llega a Kioto se sube a un taxi para desplazarse desde la estación hasta su alojamiento. En un párrafo describo la escena del trayecto en taxi y explico el detalle del reposacabezas de los asientos cubierto con fundas de ganchillo.

Cuando escribí este pasaje no le di mucha importancia, sin embargo muchos lectores que han viajado a Japón me han enviado emails después de leer la novela simplemente para comentarme que ese simple detalle del ganchillo en los taxis les produjo nostalgia, haciéndoles sentir como si estuvieran de nuevo viajando por el país.

Con la llegada de taxis más modernos, sobre todo en Tokio, cada vez se ven menos los adornos de ganchillo blanco. Estas son unas fotos que he sacado hace poco en taxis de Yamanashi y Okinawa.

Paseo en bicicleta por Manzamo, Zanpa y Maeda

Cuando viajo a un lugar en el que no he estado me gusta ir sabiendo lo mínimo. Si vas a una ciudad nueva y ya lo sabes todo sobre ella, tiene menos gracia. Es como ver una película habiendo leído antes decenas de reseñas con spoilers y habiendo visto varios tráileres.

Sin embargo, durante y después del viaje suelo interesarme por lo que he visto.

Hace dos semanas estuve con Rodrigo en un hotel con vistas al cabo Manzamo. Lo único que sabíamos el primer día era que la playa de nuestro hotel se llamaba «Manza», pero observando las señales que había en los senderos que bordean los acantilados descubrí que el cabo al final de la bahía se llamaba «Manzamo». Lo leí rápido y lo memoricé como «Manzano», asociándolo en mi cabeza con el árbol para no olvidarlo.

Hoy he leído la historia de este cabo. Resulta que Shō Kei (尚敬王), monarca del Reino de Ryukyu, visitó este promontorio en 1726 . En aquella época, Okinawa era un reino que pagaba tributo a la dinastía Qing y también al clan Satsuma. Al contemplar la zona verde detrás del acantilado, el rey alabó el lugar y dijo que era «un campo tan grande que en él podrían sentarse diez mil personas». Estas palabras del rey se condensaron en tres sílabas:

  • man (万): diez mil.
  • za (座): asiento o lugar para sentarse.
  • mō (毛): campo de hierba o pradera en el idioma tradicional de Okinawa (uchinaaguchi).

Y desde entonces el cabo se llama Manzamo (万座毛).

Desde nuestro hotel pudimos disfrutar de unos atardeceres magníficos con vistas al promontorio que fue bautizado por el rey de Ryuku hace 300 años.

Un día alquilamos unas bicicletas y fuimos hasta el cabo Maeda. Ya había visitado este cabo años atrás, es uno de los puntos más turísticos de Okinawa, pero en las segundas visitas siempre se descubren cosas nuevas. Resulta que debajo del cabo hay una cueva (La Cueva Azul) que solo se puede visitar nadando si hace buen tiempo.

Aparcamos las bicicletas en el punto más alto del cabo y nos acercamos hasta las escaleras que bajan hacia la cueva. Pero el camino estaba cerrado por mal tiempo, unos días antes pasó un tifón por la isla y todavía había demasiado oleaje. Había un cartel que nos prohibía el paso, y al lado había también uno que advertía del peligro por la presencia de serpientes venenosas habu.

Resignados volvimos a las bicicletas y avanzamos otros diez kilómetros hacia el sur hasta llegar al cabo Zanpa. Otro con un nombre fácil de memorizar si sabes español. Y desde lo alto del Zanpa avanzamos unos cuantos kilómetros más hasta encontrar una playa bonita para bañarse, pasear y descansar, antes de volver a nuestro hotel frente al ¿Manzano? 😉


Vídeo de dos minutos del paseo en bicicleta.


Y en este otro vídeo de una hora Rodrigo y yo hablamos en Tgntf de nuestro viaje por Okinawa y otras cosas.

Idiomas okinawenses en extinción

Ayer, al contaros lo que significaba churaumi en okinawense, me acordé del viaje que hicimos Francesc y yo al pueblo de los centenarios para escribir el libro Ikigai – Los secretos de Japón para una vida larga y feliz. Muchos de los ancianos con los que hablamos, especialmente los más viejos, no nos contestaron en japonés. Grabamos todas las conversaciones y luego estuve meses descifrando lo que nos habían dicho en okinawense. Me ayudó mucho la familia de mi suegra, porque ellos son de la isla de Iheya que está cerca (se ve en el horizonte desde la playa Ogimi)

La isla de Iheya en el horizonte, donde todavía muchos hablan okinawense

Los idiomas de okinawa que todavía se hablan son cinco, el más conocido es el de aquí de la isla principal. Quedan aproximadamente 90.000 personas que los pueden hablar y escribir, pero todos tienen más de setenta años, así que inevitablemente se extinguirán en las próximas dos o tres décadas.
Estas son algunas de las palabras más populares del okinawense que incluso los que hablamos japonés conocemos y que son usadas por los locales:

Haisai o haitai: hola (haisai lo dicen los hombres y haitai las mujeres).
Gusuyo: se suele exclamar después de decir «haisai» para decir «a todos».
Nifeedeebiru: muchas gracias.
Chura: bonito / hermoso.
Achanee: hasta mañana.
Uminchu: pescador.
Chu: persona.
Majiun: juntos.
Kafuu: buena fortuna y felicidad.
Uchinaa: Okinawa.

La gramática tiene similitudes con el japonés pero las partículas también son diferentes. Por ejemplo, para decir «yo soy un pescador de Okinawa» se diría «Wan NE uchina NU uminchu DEBIRU» 我ねー沖縄ぬ海人でーびる。 En cambio en japonés sería «Watashi HA Okinawa NO ryoushi DESU» 私は沖縄の漁師です。En mayúsculas he destacado las partículas y el verbo al final para que se vea que la estructura es la misma pero las palabras son totalmente diferentes.

Es una pena que los idiomas se vayan extinguiendo. Si tuviera que rescatar dos proverbios del okinawense para que no se extingan nunca elegiría estos dos:

Nankuru naisa: «pase lo que pase, todo irá bien al final».

Ichariba choode: proverbio del que hablamos en le libro de Ikigai y se podría traducir como «Un encuentro es suficiente para tratarnos como familia».

Os dejo con algunas fotos que hice en la aldea de Ogimi, donde el okinawense todavía sigue vivo.

Churaumi – 美ら海 – El mar «chura»

Okinawa es la prefectura más más meridional de Japón. Vine aquí de viaje por primera vez en 2005 y me sorprendió que su cultura fuese japonesa, pero un poco más relajada. Así como los tokiotas suelen ser muy puntuales, aquí en Naha llegar tarde es algo más normalizado.

Ayer estuve bañándome en una playa de Okinawa con aguas protegidas por arrecifes donde puedes ver el fondo a simple vista. Y no pude evitar pensar en una de mis palabras favoritas que me han enseñado los okinawenses.

En Okinawa solían hablar otros idiomas (el okinawense u uchināguchi), que ahora ya están casi extintos. Las hermanas de mi suegra lo hablan y yo no entiendo nada de lo que dicen. Una de las pocas palabras que sí entiendo, y que todavía se conserva y se usa, es «churaumi» 美ら海.

– chura (美ら): «hermoso», «bello» o «puro».
– umi (海): «mar».

Churaumi es, por lo tanto, «mar hermoso» o «mar bello».

Cuando estás frente al mar y dejas volar la mirada desde la arena bajo tus pies hasta la línea del horizonte y el cielo, te entregas a la belleza del momento y exclamas: «¡¡¡Churaumi!!!».