Hace unos meses estuve en Taiwán por primera vez. Nunca había pisado la isla. Después de unos días allí, la conclusión a la que llegué no es muy original: Taiwán es una especie de fusión de China y Japón. De hecho, al entender un poco mejor la historia del lugar (casi siempre invadidos-colonizados por otros), es obvio que hoy en día el resultado sea una mezcla sincrética de culturas.
En una librería del centro de Taipei conocí brevemente a un escritor que estaba haciendo una presentación de su último libro. Contó que su abuelo había construido aviones de guerra en Tokio durante la ocupación y que su tío-abuelo había luchado junto al ejército imperial en las islas del pacífico. Hasta la generación de su padre muchos sabían hablar Japonés.
El legado chino-japonés no es historia lejana, es algo muy presente. Yo lo noté inmediatamente al aterrizar y subirme al tren. Por cómo era el interior enseguida supe que era un tren japonés. El metro de Taipei, los mapas, la forma de organizarse la ciudad, me hizo sentirme como “en casa”. Fue casi como estar en un Tokio pequeño y manejable. No me sentí perdido en ningún momento. La experiencia fue muy diferente a cuando estuve en Shanghai o Beijing, donde solía estar desorientado.
En esta isla tan pequeña, con la mitad de población de España, se producen alrededor del 90 % de los chips más avanzados del mundo. ¿¡Cómo es posible?! Yo quería visitar el museo de TSMC (El mayor fabricante de chips del mundo), pero no pude conseguir entradas por adelantado. Como consuelo, encontré una cafetería construida con dinero donado por TSMC al lado de nuestro hotel. Francesc y yo fuimos varios días a esta cafetería a escribir por las mañanas. Al abrir el portátil en la terraza de la cafetería yo no podía evitar pensar que tanto el edificio de la cafetería como el corazón existen gracias a la misma empresa. Debería haber tomado nota de los tés que nos sirvieron en este lugar, eran increíbles.
Un día vi el carácter de elefante 像 y el de montaña 山 en el nombre de una estación de metro, y me di cuenta de que puedo leer bastantes cosas en chino sabiendo japonés pero no puedo pronunciar nada. Fuimos hasta esta estación y desde allí comenzamos a subir por las escaleras de de la montaña del elefante. Desde arriba las vistas a la ciudad son impresionantes y te das cuenta de que la capital está totalmente rodeada por montañas, en este aspecto me recordó a Kioto. Al bajar fuimos a comer y luego subimos al famoso Taipei 101.

Vistas desde la montaña del elefante.
Me encantó la comida. La cultura culinaria es mucho más flexible que la japonesa. En Japón hay una precisión y un respeto por la forma que a veces se vuelve casi rígido, el plato tiene que exactamente de una forma, en una estación, con unos ingredientes y no hay margen a pedir que te cambien nada. En Taiwán hay orden y cuidado, pero también una disposición a mezclar, a adaptar, a aceptar variaciones. Lo mejor de esa flexibilidad fue visitar los night markets. Pasar horas allí, comiendo de pie, sentándose de vez en cuando en algún taburete, ver pasar a la gente, fue fabuloso. Vi de todo: familias enteras, grupos de amigos, parejas, gente sola con el smartphone en una mano y los palillos en la otra…
Después de varios días, esa flexibilidad, que contrasta con la rigidez japonesa, pero sin llegar al ser el caos que se ve a veces en ciertos lugares de china, empezó a parecerme uno de los rasgos característicos de Taiwan.
Me gustó mucho. Buena comida, fácil de moverse con transporte público, muchas zonas de Taipei son agradables para pasear y es fácil de salir a los pueblos de las montañas de viaje.
¡Volveré!
Descubre más desde Kirai - Un Geek en Japón
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


















Que talento tienes para contar!!
When would it be your next book….I can’t wait 😻