El domingo estuve cenando con Lay, acababa de aterrizar y eran las primeras horas de su vida en Japón. Lo miraba todo con ojos de niño que está descubriendo como funciona el mundo. Al lado de Lay se sentó Yoshiaki, quien nació en el año 1944 en Okinawa esquivando de milagro las bombas americanas, y lleva ya 30000 días andando por Japón. Yoshiaki miró la comida con desgana y en enseguida se empezó a quejar del sabor de la sopa de miso.
¿Cómo sintió la cena Lay comparado con Yoshiaki?
Yo observaba con envidia a Lay, y con recelo a Yoshiaki. Quiero ser más como Lay, y menos como Yoshiaki.
Recuerdo mi primer día en Tokio, lo veía todo con ojos frescos y cada detalle me fascinaba. Pero mi día numero 8000 en Japón… ni si quiera puedo recordar lo que hice, seguramente sería un día más.
¿Cómo combatimos la tendencia que tenemos los seres humanos a acostumbrarnos y a dar las cosas por sentado?
En japonés tiene la palabra shoshin 初心, donde 初 (sho): principiante, inicial, comienzo; y 心 (shin): mente, corazón o espíritu. A nivel filosófico la idea fundamental es que en la mente del principiante hay muchas posibilidades mientras que en la del “experto” hay muy pocas. El ideal a atener en la vida es el de conseguir experiencia pero sin olvidarse nunca de mantener el shoshin (corazón de principante).
El shoshin es tu tema que explico en profundidad en mi libro La Magia de Japón pero que cada vez que pienso en ello me doy cuenta de lo sutil y poderosa que es la idea, y lo fácil que es olvidarse de ella y dar las cosas por sentado (es nuestra tendencia humana).
¿Qué estrategias e ideas usáis para mantener el shoshin en vuestras vidas?
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