Botellas de agua para espantar gatos

Estaba probando Periscope dando un paseo por Tokio y la audiencia me estuvo contando que la obsesión por poner botellas en las puertas de las casas no es única de Japón. Me contaron que en el extranjero se usan para espantar a perros abandonados.

Aquí, a las botellas estas llenas de agua las llaman neko yoke 猫よけ «espanta gatos». Parece que es una tradición que los japoneses importaron del extranjero, y en vez de usarla para perros (Nunca he visto un perro abandonado en Japón) se usa para repeler gatos callejeros. Según la «superstición», a los gatos no les gustan los reflejos que generan las botellas y por eso no se acercan.

Estas botellas se ven prácticamente en cualquier zona residencial en ciudades japonesas. Son parte del paisaje urbano japonés.

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Limpiando las malas hierbas

Se los ve relajados, sin prisas, seguramente más felices que los salaryman atrapados en sus oficinas. Están arrancando hierbas malas de tamaño diminuto, prácticamente de una en una. Le pregunté al señor que mira a la cámara en el video que pongo más abajo: me contó que no cobraban, que eran voluntarios y que el césped de este parque era mantenido por la comunidad de vecinos.

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El Gran Terremoto

Estoy en una cafetería cerca de Ginza y a mi lado se sientan madre e hija. La madre está ya entrada en edad y la hija seguramente esté en la veintena. Visten ambas un chandal de colores chillones, no van nada arregladas comparado con el resto de gente que se suele ver por Ginza los domingos. Se sientan, piden dos cafés y sin mediar palabra, la madre abre una novela absorbiéndose en la lectura y la hija se pone a toquetear la pantalla su smartphone. No parece que tengan nada sobre lo que conversar.

Al cabo de un rato, la hija se cansa de trastear con el iPhone.

⎯Vaya par de terremotos los de la semana pasada -dice dejando el teléfono en la mesa.
⎯Si, vaya meneo. El café de tu padre se derramó en la mesa de la cocina.
⎯Yo estaba en la universidad, haciendo un examen. Antes de comenzar, tuvimos que dejar todos los móviles en una cesta en la entrada. ⎯dice incorporándose en la mesa atrayendo la atención de su madre, que cierra el libro posándolo sobre la mesa. ⎯Poco antes de que empezara a temblar el edificio oímos sonar todas las alarmas de terremoto de todos nuestros teléfonos a lo lejos. Todas, excepto una alarma: la que sonó en el bolsillo de Daisuke.
⎯Vaya, le pillaron con el teléfono en el examen.
⎯Aunque lo pongas el smartphone en modo silencio la alarma de terremotos siempre suena.
⎯Con este sistema estamos más seguros. Pero pobre Daisuke, le pillaron con las manos en la masa.
⎯El profesor le perdonó, pero seguramente no vuelva a entrar con el móvil en un examen jamás. ⎯dice cogiendo el iPhone otra vez y dejando de mirar a su madre a la cara ⎯Dicen en las noticias que estoy leyendo en Twitter que viene el «El Gran Terremoto», que hay un 70% de probabilidades de que ocurrirá durante los próximos cuatro años.
-Llevan diciendo lo mismo desde hace 40 años. – dice la madre sin darle importancia y volviendo a la lectura de su novela.

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