Taro Okamoto

Le otro día estuve visitando el museo de Taro Okamoto en Kawasaki. Taro Okamoto es uno de los artistas japoneses más importantes del siglo XX. Fue pintor, escultor y escritor, destacando sobre todo en la pintura y la escultura. Su obra maestra fue la Torre del Sol que diseñó para la Expo de Osaka del 70. A los que hayáis leído el manga de 20th Century Boys os sonará bastante la Torre del Sol 😉

okamoto taro okamototaro art
Leer más sobre la Torre del Sol.

Taro Okamoto estudió en Francia y viajó bastante por Europa durante su juventud. Taro reconoce que una de las mayores influencias en su vida fue conocer la obra de Picaso cuando tenía apenas 20 años. Además de Picaso, su estilo también estuvo influenciado por André Breton, Gaudí y Miró.

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Me parecen curiosas las caras que dibujaba y esculpía Taro Okamoto. Parece ser que estuvo varios años viajando por Japón aprendiendo sobre leyendas, supersticiones y monstruos mitológicos japoneses. Con todo ello creó su propio estilo para crear caras simpáticas y a la vez misteriosas. Este estilo propio de Taro Okamoto ha creado escuela y son muchos los artistas japoneses de la actualidad influenciados por él. Por ejemplo, muchos espíritus y personajes misteriosos en algunas obras de Hayao Miyazaki y del Studio Ghibli en general se parecen a las caras de Taro Okamoto. Fijaos en los Kodamas de la película de Ghibli «La princesa Mononoke»:

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Los Kodamas de «La princesa Mononoke» tienen cierto aire misterioso parecido al de las caras de Taro Okamoto.

También Masashi Kishimoto, el autor de Naruto, ha contado en varias entrevistas que algunos de sus personajes están inspirados en la obra de Taro Okamoto.

Problema

En Japón la sociedad, las empresas, las personas son en general mucho más perfeccionistas que en occidente. Ser más perfeccionista tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Hay países, empresas, procesos que funcionan mejor que otros. En Japón todo suele funcionar bien, no suele haber problemas. Y como la gente no está acostumbrada a que haya problemas gordos, viven todos en una especie de «mundo feliz», pero cuando los hay se monta el caos total. Los japoneses están acostumbrados a que los procesos funcionen siempre igual, o mejorando mediante kaizen, pero cuando surge un imprevisto son muy malos tomando medidas. En occidente puede que nuestros engranajes no funcionen tan «perfectamente» pero en general creo que sabemos hacer frente a imprevistos, a problemas, mucho mejor que los japoneses. Un ejemplo reciente de la poca competitividad de los japoneses para hacer frente a imprevistos es el caso del mono de Shibuya.

Hay gente que dice que la sociedad japonesa es como un hormiguero, donde todo funciona relativamente bien hasta que cae una piedra en la entrada del hormiguero. Todo va bien hasta que hay un problema inesperado.

Todos somos bastante sensibles a la palabra «problema», pero los japoneses aún lo son más. Por ejemplo, si estás en una aburrida reunión en una empresa japonesa, de esas que duran horas y horas y no se decide nada, la técnica para conseguir llamar la atención sobre algo que quieres solucionar consiste en soltar la palabra «mondai» (problema, 問題). En cuanto dices «problema» notarás que muchos de los asistentes a la reunión que se habían dormido se despertarán, otros que estaban tomando notas te mirarán con chispas en los ojos y los que estaban absortos con el laptop te mirarán con cara de interés. Pero también hay que tener cuidado con la forma de usar la palabra, hay que suavizar su uso con otras palabras en la frase, hay que decir algo así como «puede que tengamos un pequeño problema». Esta suavización es necesaria porque Japón es el país del chotto y decir «tenemos un problema» directamente sería demasiado fuerte.

Otra cosa que he notado es que les cuesta mucho medir la importancia de los problemas. Todo lo que sean «problemas» tienen prioridad máxima. Muchas veces ves como se dedican un montón de recursos en una empresa a solucionar un pequeño problema sin importancia real, y por culpa de ello quizás se retrasa la solución a un problema crítico para el negocio de la empresa. Lo de no saber poner prioridades a los problemas es algo que los japoneses tienden a caer no sólo en la empresa sino en la vida diaria. Problemas por los que nosotros no nos estresaríamos nada de nada, un japonés o una japonesa se estresa y preocupa mucho más de la cuenta.

Todo estas consideraciones son concernientes a problemas no esperados. En el caso de que los problemas sean esperados, los japoneses tienen muchos procesos ya preparados para solucionarlos. Por ejemplo, son expertos en tomar medidas cuando un tren se avería, cuando hay un tifón, o en general cuando se rompe algo que se suele romper. Todos esos problemas, ya no son realmente problemas, son parte del proceso.

Son buenos solucionando problemas que conocen pero malos afrontando nuevos problemas con rapidez y eficacia. Por ejemplo, hace poco hubo un escándalo porque unas escaleras mecánicas comenzaron a moverse en dirección inversa cuando había mucha gente y varios resultaron heridos. Todavía, después de varios meses están decidiendo cuál fue el problema y cómo solucionarlo. Hace unos años hubo un problema con una puerta giratoria en la que se enganchó una abuela y murió, hubo un escándalo porque se consideraba un problema muy gordo. Para evitarse problemas muchos decidieron dejar de usar puertas giratorias (Es lo que recomendó el gobierno), hoy en día apenas se ven puertas giratorias en Japón.

«¡Huston, tenemos un problema!»

Identidad personal VS identidad de empresa

Cuando trabajas en una empresa japonesa tradicional lo normal es que la identidad de la empresa esté por encima de la tuya. Perteneces al grupo, a la familia que forman todos los empleados de la empresa. La sociedad japonesa es «colectivista», la estadounidense es «individualista». En una sociedad «colectivista» el individuo persigue el beneficio del grupo en general para que le beneficie a él también, es algo así como un hormiguero. En una sociedad «individualista» cada uno busca el máximo beneficio para él mismo, es una competición para ver quién es el mejor que también ayuda a que el grupo se beneficie. En occidente en general buscamos destacar, los japoneses NO buscan destacar, todo lo contrario, quieren pasar desapercibidos. En una discoteca japonesa, en la pista de baile verás centenares de personas todas «bailando» mirando hacia el DJ, es todo un GRAN grupo bailando al unísono como si de un ejército de robots se tratara. En una discoteca occidental, cada uno baila a su bola, mirando hacia diferentes lugares y se forman pequeños grupos que se empujan intentando proteger su espacio.

En las tarjetas de visita japonesas el orden típico en el que se muestra la información es:

  • 1.-Nombre de la empresa
  • 2.-Departamento / Puesto dentro de la empresa
  • 3.-Nombre de la persona en cuestión

Meishi

En una tarjeta de visita occidental el nombre de la empresa puede que esté antes que el nombre de la persona pero el título-departamento casi siempre está al final. En el caso de una tarjeta japonesa el «nombre de la persona» casi siempre va en tercera posición.

Disposición típica en una tarjeta de visita occidental:

  • 1.-Nombre de la persona
  • 2.-Nombre de la empresa
  • 3.-Puesto en la empresa

Meishi
Tarjeta de visita de Guy Kawasaki (Criado en Estados Unidos), donde su nombre es lo más grande y ocupa una cara entera.

¿Porqué el nombre de la empresa y el puesto dentro de la empresa van antes que el nombre de la persona? En la sociedad japonesa es muy importante «el rango» de cada persona, algo que prevalece desde la época de los samuráis. Si una persona de 25 años que trabaja en una cafetería tiene que hablar con un catedrático de universidad de 55 años tiene que usar un registro del lenguaje japonés totalmente diferente del que utilizaría al hablar con un colega de trabajo. También tendría que hacer una reverencia mucho más pronunciada al saludar al profesor que al saludar a un amigo.

Supongamos ahora que esa persona de 25 años acaba de conocer al catedrático de universidad y no sabe absolutamente nada sobre él. El chaval de 25 años se sentirá incómodo, porque no sabrá en que registro del lenguaje hablar. Por eso, en Japón cuando conoces a alguien casi siempre lo primero que haces es intercambiar la tarjeta de visita (Meishi). Al recibir la tarjeta de visita, lo primero que ves es la empresa, el puesto dentro de la empresa y el nombre de la persona. El chaval de 25 miraría la tarjeta de visita, vería el nombre de la universidad, luego el puesto de catedrático y en ese momento ya sabría en que registro del lenguaje dirigirse y cómo actuar en general. Como podéis ver, es mucho más importante saber a qué grupo pertenece alguien que saber su nombre. Lo importante es saber cómo tienes que tratar a la persona que tienes delante.

Por cierto, cuando te presentas y estás dando tu tarjeta de visita tienes que decir ¡el nombre de tu empresa antes que tu nombre!:

«NombreDeLaEmpresaのNombreとお申します»

Que literalmente sería algo así «NombreDeLaEmpresa, Nombre me llamo» y no literalmente sería «Me llamo Nombre y trabajo en la NombreDeLaEmpresa»

Anécdotas en el trabajo

Voy a contar unas anécdotas que se me habían quedado en el tintero sobre mi trabajo en Digital Garage / Technorati que dejé hace casi dos meses para dedicarme a tiempo completo a Mirai.

  • Es curioso que después de trabajar más de dos años todos los días con la misma gente, llevarnos todos genial y considerar a mis compañeros como si fueran parte de mi familia, siempre hicieron una reverencia y utilizaron lenguaje formal antes de pedirme cualquier cosa en el trabajo. Creo que se entiende mejor con un ejemplo:

    Empresa occidental (después de años de confianza y en un ambiente de buen rollo): «Macho Héctor, ¿has terminado ya lo que te dije hace dos días? como no lo terminemos hoy todo nos van a canear los jefes 😉 jajaja«.

    Empresa japonesa (después de años de confianza y en un ambiente de buen rollo), lo escribo tal y como se traduciría de forma bastante literal aunque suene raro: «Perdona por interrumpirte en un momento de tanta ocupación Señor Héctor, respecto a lo que te comenté hace dos días… ¿ves que lo podrías terminar? (Reverencia)«.

    Con esta anécdota, quiero ilustrar la gran diferencia que hay entre estar en un ambiente de trabajo y no estarlo en la sociedad japonesa. Aunque sea la misma gente se puede llegar comportar de forma RADICALMENTE diferente.

  • Hace algo más de un año me propusieron ser «Responsable en caso de incendio para la segunda planta de mi edificio». Y decidí aceptar simplemente como curiosidad a ver en que consistía el tema. Fueron varias las reuniones a las que tuve que asistir con los responsables de cada planta, los ayudantes de los responsables y los dos responsables máximos. Los responsables de todo el edificio estuvieron tres meses escribiendo un manual y diseñando mapas (Con el Excel, por supuesto). Al cabo de esos tres meses, hicimos una de las reuniones míticas, y nos dieron a todos un manual de ¡¡¡más de 300 páginas!!! Yo flipando, pobres los dos que tuvieron que escribir manual tan aburrido, pero también pobre yo que me tuve que tragar una reunión de seis horas en la que los del manual nos fueron explicando casi página por página todo el contenido. Lo fabuloso, es que la mayoría del manual era paja. Al final le pregunté en confianza a uno de los responsables, «A ver, explícame en concreto que narices tengo que hacer en caso de emergencia» y me respondió «Tu labor consiste en decirle a a tu ayudante de planta que hay una emergencia, el ayudante llamará por teléfono al responsable del edificio que se encargará de darle a la alarma, tu vas hasta la puerta de emergencia y cuentas la cantidad de personas que salen». Eso era todo lo que necesitaba saber, ¡después de tanta reunión y tanto manual! Para terminar todo el proceso hicimos un simulacro de emergencia. Para preparar el simulacro nos costó otros tres meses, reuniones con el departamento de bomberos de Shibuya, avisar a los edificios de alrededor, crear una zona de escapada (Un parking cercano etc). El día del simulacro, estaba tan nervioso (no se porqué) que ¡se me olvidó contar la gente que salía! Que era una de las dos únicas cosas que tenía que hacer 🙂

Seguir leyendo más anécdotas culturales.

Orejas grandes, suerte y dinero

En occidente una «orejuda» no se considera muy agraciada, pero en Japón tener las orejas enormes es símbolo de buena suerte y dinero. Dice la leyenda que aquellos que tienen las orejas grandes, especialmente los que tienen lóbulos alargados, tendrán suerte en la vida y dinero de sobra.

Buda (Siddhartha) nació con orejas grandes. Durante su infancia y juventud vivió rodeado de riqueza dentro de una familia noble. Siddhartha vestía bien y usaba muchas joyas de oro. Una de las joyas que más utilizó fueron unos pendientes de oro pesados que fueron deformando y haciendo sus orejas aún más grandes de lo que ya eran. Llego un momento en el que Siddhartha decidió renunciar a cualquier pertenencia o valor material y dejó utilizar esos enormes pendientes de oro.

Según la leyenda, sus orejas terminaron con esta forma:

Buddha
Fijaos en lo alargadas que son las rajas de los pendientes

Siddhartha, consiguió llegar a la iluminación a través de la meditación y «se convirtió en Buda». Desde entonces se considera que las personas con orejas grandes tienen facilidad para escuchar la naturaleza de su alrededor y pueden oír el consejo de los dioses. Supongo que poder escuchar el mundo más allá que los demás y poder oír a los dioses te da facilidad a la hora de conseguir dinero y tener suerte en la vida.

El actual primer ministro japonés, Yasuo Fukuda, tiene las orejas bastante grandotas. ¿Fueron las orejas las que le llevaron a gobernar Japón? ¿O quizás uno de los factores fue el subconsciente de los japoneses que al ver que tiene las orejas grandes le votaron?

Buddha
Yasuo Fukuda es el primer ministro de Japón.

La empresa más antigua del mundo

Kongogumi se fundó en el año 578, está considerada como la empresa que ha estado activa durante más tiempo de la historia, seguramente los fundadores no tuvieron en cuenta en su business plan que tenían que montar una web. Aunque ahora tienen web (La sección de historia de la empresa es… larga), se siguen dedicando a lo mismo con lo que empezaron, a construir templos. Su especialidad es la construcción de templos budistas pero también han participado en la construcción de templos shintoístas e incluso castillos como por ejemplo el de Osaka.

Es una empresa que ha ido pasando de padres a hijos, todos ellos de la familia Kongo. Pero en el año 2006 dejó de estar controlada por los Kongo, fueron adquiridos por una corporación de constructoras y hoy en día sobrevive como una compañía dentro de la corporación Takamatsu.

El primer templo que construyó Kongogumi es el Shitennō-ji, que podéis visitar aquí (Caminando desde la estación de Tennoji en Osaka).

Takao
Varios de los templos del monte Takao también fueron construidos por Kongogumi.

Me pregunto que empresas de hoy en día seguirán vivas dentro de 1.000 o 2.000 años. ¿Constructoras? ¿Energía? ¿Telecomunicaciones? ¿Aeroespacial? ¿Salud?