Fūrin 風鈴

Después de dar vueltas con el coche, subir con un teleférico a una cima y pasear por el borde de un río disfrutando del fresquito generado por las cascadas, a mí me apetecía ya conducir de vuelta hacia Kofu. Pero Tsuchiya propuso seguir subiendo por la carretera hasta un santuario sintoísta. Seguir montaña arriba fue un gran acierto, pudimos visitar el santuario prácticamente en solitario, y lo mejor de todo es que estaba adornado con centenares de fūrin.

El fūrin 風鈴 es uno de mis símbolos veraniegos japoneses favoritos. Son campanitas originarias de China, y se cree que son capaces de ahuyentar los malos espíritus.

Según los japoneses, escuchar el tintineo de los fūrin tiene un efecto «sugestivo refrescante». Quizás es porque aunque haga mucho calor, al oír las campanillas eres más consciente de que hace algo de brisa.

Por la carretera tuve que frenar para dejar pasar a un kitsune 狐 (zorro japonés). Cruzarse con un zorro está considerado como un presagio de buena suerte y prosperidad porque son mensajeros de la deidad Inari.

Un buen baño en aguas de onsen

Al llegar al ryokan Tsuchiya y yo vamos directos al onsen (baños termales). Después de hacer ejercicio no hay nada más placentero que bañarse en aguas volcánicas. Alrededor del Monte Fuji, hay centenares de lugares (hoteles, ryokanes, lugares al aire libre) con baños termales que funcionan sacando agua de debajo de las montañas. Se suele acondicionar para que el baño esté entre 38 y 42 grados.

Entramos en el rotenburo (baño exterior), rodeados por un jardín japonés, rocas volcánicas, el vapor del agua, el olor de los minerales… Mientras nos remojamos Tsuchiya y yo reflexionamos sobre si se podría replicar la experiencia del onsen en el extranjero. La conclusión de Tsuchiya es que «es imposible tener un onsen en España, terminaría siendo un spa con piscinas de aguas termales y zonas adornadas con bonsáis y tatamis… sería parecido pero muy lejos de lo que estamos disfrutando ahora». Asiento sin replicar, pero a mi imaginación le gusta jugar con estos supuestos y pienso: «quizás sí… si se usaran las mismas rocas se podría construir un rotenburo en España».

Si me preguntan qué echaría más de menos de Japón si me fuera de aquí lo primero que respondería sería: los onsen.