Algo que me sorprendió de Tokyo cuando llegué y me sigue sorprendiendo hoy en día es lo cutres que son las estaciones de autobús. La mayoría de las estaciones de autobús son un simple poste con los horarios, y si tienes suerte hay una especie de silla o banco que han puesto los vecinos de la zona para poder sentarse. Seguramente el número de usuarios de autobuses urbanos en comparación con el número de pasajeros de trenes es tan ridículo que el ayuntamiento no considera gastarse dinero en estaciones de bus. Eso sí, por muy cutres que parezcan las paradas, los autobuses son super-puntuales.


